MARRUECOS

Diciembre  2010

 

Como todos los años por estas fechas, nuestros toyotas están preparados para viajar por territorios africanos. Esta vez recorreremos, una vez más, pistas marroquíes próximas a la frontera argelina, empezando en la costa atlántica y saliendo por Merzouga. Una aventura de 3.600 kilómetros, con más de 700 kilómetros de pistas de piedras y arenas.

 

Toyota uno.   Ramón, Cristina, Mari Carmen y Medina.

Toyota dos.    Francis, Carmen, Manuel y Paula.

Toyota tres.    Antonio, Marcos y Julio.

  

 

VIERNES, 3.   YECLA – ALGECIRAS.     552 kilómetros.

Conducimos tranquilamente por la noche hasta el puerto de Algeciras. Allí llegamos con tiempo suficiente para descansar un rato antes de subir al barco en el que cruzaremos el estrecho.

 

 

SÁBADO, 4.  ALGECIRAS – CEUTA – MARRAKECH.     624 kilómetros.

Al amanecer estamos ya en el ferry cruzando el estrecho, y a las 9 h. desembarcamos en Ceuta. En la frontera tramitamos rápidamente todo el papeleo para pasar a Marruecos, y enseguida conducimos por las autopistas que llevan a Rabat, Casablanca y Marrakech. En el parking de un área de servicio sacamos nuestras mesas y sillas y comemos patatas a montón, queso frito con tomate y tortilla de patatas. A media tarde llegamos al hotel Ibis que hay a la entrada de Marrakech. Esa tarde y noche visitamos la plaza Djemaa El Fna y los souks, y cenamos fenomenalmente en el restaurante Alí.

 

 

DOMINGO, 5.  MARRAKECH – AGADIR – GUELMIM – AOUINT IGHOMAN.    530 kms.

Las nuevas autovías nos facilitan el avance dirección Agadir. En Tiznit compramos agua, frutas y verduras. Decidimos bañarnos en el Atlántico y tomamos la carretera de Sidi Ifni. Paramos en una cala preciosa donde disfrutamos de la visión de los cuerpazos escultóricos en calzoncillos de algunos compañeros.

Bien pasado Guelmim, ya anocheciendo, vamos despacio buscando a nuestra izquierda la pista en la que iniciaremos el recorrido del desierto. Después de pasar por Aouint Ighoman, ya cansados, paramos en un sitio que consideramos apto para acampar. Tomamos un bocado rápido y al saco. Caen algunas gotas de lluvia.

 
 

LUNES, 6.  AOUINT IGHOMAN – ASSA – TATA.   329 kilómetros.

Marcos es listico. Él y sus ayudantes tardaron apenas cuarenta minutos en recoger su tienda Quechua de plegado rápido.

La civilización avanza por este desierto montañoso. La pista está en obras para asfaltarla y sufrimos sus consecuencias. Paramos cerca de Aouinet Torkoz para comer alubias, perdiz en escabeche y ensalada, regado todo ello con caldos excelentes de Bodegas Castaño que aporta Mari Carmen. Hemos nombrado tetero del grupo a Ramón y lo estamos enseñando a que nos haga buen te.

A media tarde llegamos al hotel Relais des Sables en Tata. Ducha, paseo por la ciudad y cena en un restaurante.

 

 

MARTES, 7.  TATA – ERG CHEGAGA.   271 kilómetros.

La pista que pretendemos seguir discurre próxima a la frontera argelina, y es zona militar. Hay puestos militares que permiten el paso, y otros que dejan salir pero no entrar a la zona. Nos costó un rodeo aprender que el puesto militar de Tata es de esta última modalidad, y seguimos hasta Mrhimina para dejar el asfalto. Ahora la pista es más rápida y frecuentemente arenosa, y algún incauto cae presa de ella para regodeo de los demás. Es divertido que los otros coches atasquen, pero jode cuando atasca el propio. Divisamos varios fuertes militares, los marroquíes a nuestra izquierda y los argelinos al fondo a la derecha. En el lago Iriki, junto a la pista, ya hay varios chiringuitos más o menos precarios para recibir a los turistas.

Por el río de arena que conduce a Erg Chegaga montamos el campamento para pasar la noche. Preparamos un buen fuego y cenamos espaguetis carbonara, callos y vino del bueno. Contamos anécdotas e historias sentados alrededor del fuego, saboreando te y ron Matusalem, disfrutando del marco incomparable que supone el estar rodeados por un inmenso mar de dunas.

 

 

MIÉRCOLES, 8.  ERG CHEGAGA – PISTA TAGOUNITE.   139 kilómetros.

Bien temprano ya estamos haciéndonos unas tostadas con aceite aprovechando las brasas del fuego de la noche anterior. De nuevo en los coches, y enseguida llegamos a las grandiosas dunas de Erg Chegaga. Como está mandado, subimos a la duna más alta. Hay que esforzarse para subir, pero el paisaje desde allí arriba es más que espléndido.

Hablando de cosas grandes, llevamos con nosotros dos grandes viajeros, Manuel y Paula. Manuel, tres años, es su tercer viaje a Marruecos y uno a Túnez. Paula, casi dos años, es su segundo viaje al desierto. También es grande Carmen, la madre. No pide ningún privilegio para ella y sus hijos, y consigue que viajen con nosotros como dos compañeros más. Creo que los niños disfrutan de estos viajes más que los mayores. Francis, el padre, conduce bien.

En M`hamid tocamos asfalto hasta Tagounite donde comemos tajin, repostamos gasoil, y continuamos. La pista es ahora más transitada. Encontramos coches europeos y gente de la zona pretendiendo que paremos para obtener algún cadeau. Paramos en una zona con numerosas pinturas grabadas en las rocas. Algunas parecen realmente antiguas, pero las del todoterreno y la moto no cuela.

Próximo el atardecer buscamos un sitio adecuado para acampar. Fuego de campamento, arroz con verduras, huevos fritos con chorizo picante y tocino, cerveza, vino, te, Matusalem. Son viajes muy sufridos.

 

 

JUEVES, 9.  PISTA TAGOUNITE – ERG CHEBBI.   219 kilómetros.

La pista nos regala con grandes espacios abiertos de conducción rápida y algunos tramos de disfrute de arena. Es de los recorridos más frecuentados por coches europeos, y cada año se suma algún albergue al borde del camino.

Paramos a comer en un chott pasado Hi-Remlia, a la sombra de una acacia. El tiempo está resultando fenomenal, con temperaturas muy agradables, y por el mediodía la sombra es de agradecer.  Nuestro chef de cuisine Marcos prepara fideos chinos y revuelto de gulas con gambas. Nos está costando bastante esfuerzo, pero Ramón ya va haciendo buen te. El puñetero se nos perdió un par de veces buscando fósiles, y Medina haciendo buenas fotos. Antonio lo que perdió es dos o tres tornillos de una de las ruedas de su Toyota, que susto.

Por la tarde llegamos a Merzouga, junto a las dunas de Erg Chebbi. Nos metemos entre las dunas para acampar, y atascamos. Nos cuesta bastante rato desatascar, hay que actuar con cuidado, el coche está próximo a la pendiente fuerte de la duna y podría volcar.

Cansados por las emociones del día, acampamos entre las dunas por allí cerca.

 

 

VIERNES, 10.  ERG CHEBBI – MELILLA.   632 kilómetros.

Por la mañana Manuel y Paula pasean un rato en camello, y seguimos nuestro viaje. En Rissani llenamos los depósitos de gasoil. En Errachidia paramos en el mercado municipal y compramos pan y aceitunas. Comemos tajin en un restaurante de la carretera.

Es descarado el idilio que mantienen Paula y Ramón, van haciendo demostraciones de su amor de forma escandalosa. Cristina, compañera de Ramón, va a tener que poner orden y mesura.

La carretera es larga y aburrida y vamos contando chistes a través de la radio. Paramos en algún puesto de fósiles y cacharros y compramos algunos objetos de recuerdo.

Llegamos a la solitaria frontera de Melilla bien entrada la noche. Los trámites aduaneros son rápidos, y entramos en España. Buscamos un hotel, picoteamos algo en un bar y al catre.

 

 

SÁBADO, 11.  MELILLA – ALMERÍA – YECLA.   230 kilómetros,  3.526 kilómetros total.

Como nuestro barco sale a las dos, aprovechamos la mañana para callejear por la ciudad, visitando Melilla la vieja y el centro de la villa.

Embarcamos los coches en el ferry, pasamos un frío del demonio, al parecer no funciona la calefacción, y a las nueve de la noche estamos desembarcando en Almería. Tres horitas de viaje y a dormir en casa, en nuestra cama.

Otro viaje más, felizmente concluido.