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MIÉRCOLES, 8. ERG CHEGAGA – PISTA TAGOUNITE.
139 kilómetros.
Bien
temprano ya estamos haciéndonos unas tostadas con aceite aprovechando las
brasas del fuego de la noche anterior. De nuevo en los coches, y enseguida
llegamos a las grandiosas dunas de Erg Chegaga. Como está mandado, subimos a
la duna más alta. Hay que esforzarse para subir, pero el paisaje desde allí
arriba es más que espléndido.
Hablando de cosas grandes, llevamos con nosotros dos grandes viajeros, Manuel
y Paula. Manuel, tres años, es su tercer viaje a Marruecos y uno a Túnez.
Paula, casi dos años, es su segundo viaje al desierto. También es grande
Carmen, la madre. No pide ningún privilegio para ella y sus hijos, y consigue
que viajen con nosotros como dos compañeros más. Creo que los niños disfrutan
de estos viajes más que los mayores. Francis, el padre, conduce bien.
En
M`hamid tocamos asfalto hasta Tagounite donde comemos tajin, repostamos
gasoil, y continuamos. La pista es ahora más transitada. Encontramos coches
europeos y gente de la zona pretendiendo que paremos para obtener algún cadeau.
Paramos en una zona con numerosas pinturas grabadas en las rocas. Algunas
parecen realmente antiguas, pero las del todoterreno y la moto no cuela.
Próximo el atardecer buscamos un sitio adecuado para acampar. Fuego de
campamento, arroz con verduras, huevos fritos con chorizo picante y tocino,
cerveza, vino, te, Matusalem. Son viajes muy sufridos.
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